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   c  r  ó  n  i  c  a

18/07/2016


Una llave para pensar el arte
Soledad Medina Cisternas

Cuando nos adentramos a leer y pensar en el texto 58 indicios sobre el cuerpo de Jean-Luc Nancy nos enfrentarnos a múltiples paradojas y aporías sobre el funcionamiento y comportamiento de nuestro propio cuerpo, hasta preguntarnos por la propiedad del cuerpo dicho “propio”. Muchas cuestiones filosóficas se desprenden de este abismo de un cuerpo inapropiado e inapropiable. Cuando después decidimos escudriñar el cuerpo desde la mirada del teatro, pudimos comprender la tarea y labor del cuerpo en esa preciada faceta del arte: desde Stanislavski y Artaud pudimos observar datos, pensamientos, intuiciones, llevarlos a nuestros propios juicios. Stanislavski nos habla del llevar al cuerpo a sus propios límites para liberar toda huella de una voluntad operante y llegar a la espontaneidad; Artaud, por otro lado, nos habla de la inmanencia del cuerpo y su exceso natural llevado hacia el teatro.

Debo decir, sin embargo, que no fue hasta la llegada de la actriz, Millaray Lobos, que se formó en mí una real consciencia acerca de la ocupación del cuerpo. Hasta ese momento mi pensamiento acerca del teatro y de su relación con el cuerpo se reducía a considerarlo dentro de una relación de interpretación para llegar a una posible representación problemática del cuerpo. Se mantenía un aspecto psicológico triunfante en aquella perspectiva que, aunque no estaba del todo descifrado, se basaba en una conexión intelectual que utilizaba al cuerpo como mera herramienta del pensamiento. La preciada llegada de Millaray Lobos al grupo de investigación me impulsó a pensar en la perspectiva real de un artista en el análisis: una artista con su cuerpo en una escena teatral hacía un ejercicio muy diferente de lo que emerge en el mero análisis filosófico de la dinámica teatral. Pensar al cuerpo desde la perspectiva de un artista, en este caso una actriz, abrió la posibilidad de considerar todo el aspecto creacional, de un cuerpo expresivo sin retornos reflexivos, como potencia y posibilidad, como efecto y resultado. La mirada que Millaray Lobos mostraba hacia el teatro, su experiencia como actriz y la conciencia que poseía hacia su propio cuerpo me han hecho más atenta a una práctica artística que conozco más de cerca: la de la pintura. “No pienso que el teatro sea «la forma» o «la manera» de llegar al arte: soy artista, soy actriz y solo sé que el teatro es una forma de hacer arte, concuerdo en que los demás tipos de arte pueden llegar a esto mismo que busca llegar el teatro”, fueron las palabras de Millaray Lobos que me permitieron asociar la importancia del cuerpo en la propia instancia del actuar y la del pintor que le da al trazo de su pincel.

El cuerpo, desde allí, me apareció como una llave de lectura del mundo del arte en su conjunto, y que poseía una unicidad problemática que difícilmente el pensar teorizante logra considerar completamente.

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