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   c  r  ó  n  i  c  a

03/07/2016


Cuerpo entregado y apropiado
Paulina Morales

Cuando se trata de pensar al cuerpo, lo pensamos en actividad, en movimiento. El movimiento del cuerpo puede ser pensado según la absoluta inmanencia del cuerpo con su medio o, al contrario, según la idea de un cuerpo artístico que sería autor de su propio movimiento. Pero siempre queda la duda: ¿qué tan diferente realmente es este cuerpo inmerso en pura creación artística del cuerpo habitual, espontáneo y cotidiano?

Desde Stanislavski y Artaud es posible aproximarnos a un cuerpo artístico más allá de tal oposición. Si tradicionalmente se suele apuntar, entre la actitud creadora y la actitud natural del cuerpo, a un yo o a una conciencia capaz de comandar la creación, al contrario, la aproximación a la expresión corporal apela justamente, tanto en Artaud como en Stanislavski, a la idea de un abandono de la conciencia presente que comande cada gesto del movimiento del cuerpo. Algo parecido vimos con la visita de la actriz Millaray Lobos: en la experiencia misma del cuerpo expresivo hay una pérdida de aquella conciencia cartesiana presente como autoconciencia que controla al crear, pero no se descarta un absoluto dejo de sí. De modo que el yo del cuerpo creador, e incluso, la propiedad del cuerpo en actitud creadora, se vuelve oscilante y confusa. 

Un cuerpo dirigido por un yo que guía no hace más que seguir una pauta que le impide toda creación absoluta. El cuerpo en actitud creativa, al contrario, debe perder todo presupuesto reflexivo para entregarse a la plena creación corporal. Millaray Lobos nos ha ofrecido una manera de entender esta entrega corporal en la creación mediante la noción de manejo. El manejo no requiere la abolición de un texto, como quería Artaud, por ejemplo, en su primer manifiesto para el Teatro de la Crueldad, pues el manejo es una actitud del cuerpo en la que este se entrega o dispone de un modo tal que, sin distinguir aquello con lo que se relaciona –sea un texto particular, una persona, o un escenario completamente vacío–, conduce a una creación carente del yo autoconsciente controlador. Esta noción del manejo abre la posibilidad de pensar a la propiedad del cuerpo sin un yo autoconsciente que guía, pero que tampoco abole totalmente a una forma de consciencia, haciéndose cuerpo desapropiado. El manejo abre a una presencia de la apropiación del cuerpo, como Millaray Lobos lo caracteriza de momento, con una especie de conciencia como un vigía, una mera presencia que acompaña cada gesto. 

El manejo no es una disposición fija en la que se entre, sino que se da entre gesto y gesto. Permite pensar una entrega que es netamente corporal y expresiva, que evita que nos mantengamos en una dualidad que separa el yo del cuerpo, y que permite que la creación se dé justamente en una conjunción indivisible de un cuerpo, a la vez como cuerpo propio y como medio.

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