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   c  r  ó  n  i  c  a

26/04/2018


Espacio, fuerza, (sub)jectum

Andrea Potestà

 

El cuerpo es lenguaje porque es esencialmente “flexión”.
Deleuze, G., Lógica del sentido, p. 203

“Ser sujeto” se lo entiende comúnmente como el hecho de ser capaz de llevar a cabo una acción cualquiera. Uno es sujeto cuando es activo, cuando se vuelve sujeto de sus acciones y de la fuerza que en ellas se expresa, o sea, cuando es sustrato de los movimientos. Pero, además de ese ser-sujeto-de, y como su condición, existe el ser-sujeto-a. Somos sujetos al mundo, al entorno, al conjunto de las relaciones, a las fuerzas que se expresan en la experiencia. Y, en un sentido, es gracias a ello que podemos responder al mundo haciéndonos sujetos de. El ser-sujeto-a es, en cierto modo, previo al ser-sujeto-de y es, entonces, parecido al ser arrojado al mundo heideggeriano, a la dinámica del poder-ser (Möglichsein) que precede a todo ser-posible (Seinkönnen)[1], o sea, a la posibilidad de existir que precede al poder efectivo y a toda operación de afirmación de sí. “Existir”, para Heidegger, es todo lo contario de un poder de auto-posición de un ego. No hay “sí mismo” si no se ha hecho primero la prueba de la desposesión propia del estar en el mundo, del ser sujeto a las fuerzas, del ser consignado al afuera.

Ahora, esta desposesión, en lugar de pensarse como una anterioridad existencial, puede pensarse como una espacialidad constantemente operante. Es lo que hace Deleuze en El pliegue, cuando se refiere a la fuerza en tanto potencia de implicación de la materia. La fuerza es punto elástico en tensión, puro acontecimiento, “lugar de cosmogénesis”, como dice Paul Klee, que difumina todo contorno de las cosas, así como todo punto de vista privilegiado, dejando aparecer las potencias del material como pliegue. Se trata con ello del movimiento turbulento, del proceso de actualización, que dispone el afuera para un adentro y que compone el punto de vista subjetivo como envolvimiento del afuera. El adentro se describe como expresión del afuera, porque el afuera se describe como lo expresado por el adentro. “La clausura es la condición del ser para el mundo”[2].

Esta contaminación de adentro y afuera, de acontecimiento y perspectiva, de actualidad y virtualidad, abre a una nueva consideración de la espacialización del cuerpo. El cuerpo en Deleuze es cuerpo elástico, un cuerpo a su vez constituido por cuerpos, por pliegues, un cuerpo cerrado en mónada y al mismo tiempo inmanente a la multiplicidad de inclinaciones que pliegan la materia. Ese cuerpo es potencia (capacidad de ampliar el punto de vista) en acto (ya que se identifica a los impulsos de la materia).

Habitado por la tensión irresuelta de los espacios infinitamente abiertos del pliegue, ese cuerpo-potencia-en-acto no tiene naturalmente nada que ver con un soporte o con un cuerpo-herramienta, no es cuerpo vivo ni cuerpo-objeto, no es activo ni pasivo. Es cuerpo a punto de hacerse otra cosa (a punto de alargarse, de estirarse, de contraerse, de escaparse). Es como esa boca a punto de gritar que “ya no es un órgano particular, sino un agujero por el cual el cuerpo entero escapa, y por el cual desciende la carne”. “Todo el cuerpo –dice Deleuze en la misma página de Francis Bacon: lógica de la sensación– escapa por la boca que grita. El cuerpo escapa como por una arteria”[3].

Revés exacto del refugio, del amparo, del espacio interno y protegido, el cuerpo se espacializa como huida, como línea de fuga, como escape. Esta es la nueva geometría del cuerpo que se vislumbra con Deleuze: “Huir es trazar una línea, líneas, toda una cartografía. Sólo hay una manera de descubrir mundos: a través de una larga fuga quebrada”[4]. El espacio deleuziano abre nuevas brechas para “cuerpo y lenguaje”: el viernes pasado todos hemos sido felizmente desterritorializados por el huir de esas líneas.

Paul Klee, Movimientos del punto


[1] Cf. Heidegger, M., Ser y tiempo, trad. Rivera, Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 1997, § 31, p. 147: “El Dasein no es algo que está-ahí y que tiene, por añadidura, la facultad de poder algo, sino que es primariamente un ser-posible [Dasein ist nicht ein Vorhandenes, das als Zugabe noch besitzt, etwas zu können, sondern es ist primär Möglichsein. Dasein ist je das, was es sein kann und wie es seine Möglichkeit ist.]”.

[2] Deleuze, G., El pliegue, trad. J. Vásquez y U. Larraceleta, Barcelona: Paidós, 1989, p. 39.

[3] Deleuze, G., Francis Bacon: lógica de la sensación, trad. E. Hernández, p. 16-17.

[4] Deleuze, G., Diálogos con Claire Parnet, trad. J. Vásquez, Valencia: Pre-textos, 1980, p. 45.

  

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