e x t o s

 

 

   c  r  ó  n  i  c  a

12/12/2016


Lo que puede un cuerpo

Andrea Potestà

Si seguimos las poderosísimas indicaciones con las que nos ha dejado Boyan Manchev después de su visita en noviembre pasado, está claro que solo merece plantearse la pregunta “¿qué puede un cuerpo?”. No se puede hablar del cuerpo como de una cosa idéntica a sí, como una cosa substancial. Es extraviante e insensata la pregunta “¿Qué es el cuerpo?”. Solo esta admisión previa hace posible escapar a las vinculaciones de la tesis biopolítica, y a la paradoja de una resistencia ya recuperada en el poder y constituida así por un impulso reaccionario. Solo concibiendo el cuerpo como potencia, como multiplicidad posible de modos en devenir, solo admitiendo una “tecno-estética” del cuerpo completamente separada de toda objetivación y de toda subjetivación, se desprende la posibilidad (crucial para un pensamiento político del cuerpo) de hablar del cuerpo en su dimensión esencialmente “modal” (según sus modos).

Se trata ahí por supuesto, como dice Boyan Manchev en un artículo que hemos discutido, de una potencia que evita tomar al cuerpo como “una unidad orgánica o maquínica homogénea”, ya que lo considera como “un movimiento de des-organización […] que excede la oposición entre orgánico e inorgánico” (Manchev. B., Sujeto acontecimiental y acontecimiento-sujeto, en RLCIF, n. 1.). Con esto, se tocaría lo propio de la densidad del cuerpo, su afección material primitiva que daría su carácter originariamente plural. Afección, como dice Aristóteles, es “la cualidad según la cual cabe alterarse, como lo blanco y lo negro, lo dulce y lo amargo, la pesadez y la ligereza” (Metafísica, Δ, 21). Esta energía de afirmación plural, de alteración sin determinación previa, es lo que puede un cuerpo, lo que le permite resistir a toda apropiación unívoca, a toda organización del cuerpo o funcionarización económica de sus órganos.

Boyan Manchev nos ha hablado de teatro y de su propia práctica teatral en Sofia y en Berlín. Pero el centro de su reflexión se ha dirigido a la potencia técnica del cuerpo (actuante), o sea a la tekhné en tanto potencia primitiva y estructura elemental de la expresividad que permite al cuerpo transformarse y desprenderse así de toda substancia. La intuición clave sería la siguiente: pensar la técnica como potencia afirmativa, como espacio de modalización del cuerpo, como potencia ilimitada de metamorfosis.

Existen por supuesto técnicas de gobierno y de control, y los dispositivos técnicos son siempre más afinados y poderosos, pero existen también técnicas capaces de una resistencia contra las apropiaciones tecnológicas de la transformación, capaces de desorganizar y de mantener dinámica y abierta la fuerza de alteración.

Indicio pensante para nuestras tareas futuras.

atrás